HERENCIA DIGITAL

Se calcula que, cada minuto, mueren 3 usuarios de Facebook. Casi dos millones al año. Usuarios que habían colgado en la red fotos, datos, escritos, vivencias…

Regular toda esta información -no solo de Facebook, ni de los usuarios que van falleciendo- se plantea como una cuestión de interés general. Y parece ser que Francia va a ser la primera “en poner orden” en la red con la aprobación (el texto está pendiente de la tramitación del Senado y entrará en vigor en primavera) de un ley para una República Digital que aspira a cubrir algunos de los vacíos legales, (ya que en un sector en constante evolución es imposible cubrir todos los frentes) estableciendo nuevos derechos digitales como, por ejemplo, el “derecho a la muerte digital” para poder permitir a todos los individuos “organizar, en vida, las condiciones de conservación y de comunicación de sus datos personales después de su muerte”, designando a la persona que se ocupará de gestionar su herencia digital, una especie de albacea con autorización para acceder a las cuentas y eliminar o mantener las que deseara el interesado, así como la forma de comunicar su muerte. Este albacea puede ser una persona ajena a la familia, pero los herederos podrán tener acceso a los datos relacionados con la sucesión. Si no se ha nombrado a este administrador del patrimonio virtual, serán los familiares más directos quienes decidan qué hacer con los contenidos de las redes sociales. Se trata de una iniciativa pionera en Europa.

En la actualidad, las distintas redes sociales ofrecen su propia solución funeraria para dar de baja al usuario tras su muerte, acreditando el parentesco o una relación directa, acompañado del certificado de defunción. Facebook o Google también han puesto en marcha la creación de la figura del heredero digital. Tras un período de tiempo, la cuenta desaparece de las pantallas, pero los datos que contiene quedan almacenados. Técnicamente pertenecen a la plataforma.

La ley francesa regula también el controvertido “derecho al olvido” en la red para los menores de edad. La medida tiene en cuenta que los jóvenes, masivamente presentes en las redes sociales, no son siempre conscientes de los riesgos a los que se exponen.